17 dic. 2009

Nuevas tecnologías influyen en el español

[Artículo publicado en la edición digital de La Prensa Gráfica]

Por Erick Rivera


“Estoy chateando”; “te voy a poner un comment ahoritita en el wall del Facebook”; “ya vas de bloguera, bicha”; “mandame un sms, por favor”… En la última década, la influencia de las nuevas tecnologías ha inundado la lengua española con términos de la más diversa especie. Los de arriba son solo algunos ejemplos, y no de los que a mi juicio resultan más dramáticos o exagerados, sino de aquellos más comunes, más del montón.


Este tipo de neologismos, que es el nombre con el que se conoce a un vocablo, acepción o giro nuevo en el lenguaje, ha pasado en muy poco tiempo a ser de dominio público, y se ha convertido en materia de discusión constante en conversaciones de teóricos del lenguaje. Su tratamiento es visto, en muchos foros, de reojo, a medias tintas, someramente, motivado por el vacío hecho de la mala crítica, a priori, o por la defensa apasionada de quienes se dicen ser más flexibles con el idioma.

“El neologismo no es intrínsecamente malo, aunque tampoco bueno sin discusión”, explica, en el reino de lo ambiguo, el escritor y periodista Álex Grijelmo en su obra más célebre, “El estilo del periodista”. Y yo creo apegarme en gran medida a esta idea.
El uso de algunas palabras nuevas que tienen su origen en la tecnología y están más relacionadas por obvias razones con el idioma inglés debe ser visto desde una óptica más crítica, y no como hasta ahora, pasado por un tamiz que se presta mucho la flexibilidad absoluta y sin reflexión.

Y es que habría que preguntarse en primera instancia si al usar una de estas palabras estamos o no dejando de lado la posibilidad de utilizar otra española, que no resulte incómoda ni alejada de la significación perseguida.

“El purismo lingüístico está condenado al más rotundo fracaso. Pero tampoco debemos cruzarnos de brazos y abandonar a la evolución ciega un instrumento de tan rica tradición y maravillosa capacidad como es nuestra lengua”, escribe el académico español Rafael Lapesa, citado por Grijelmo. Y el rotundo fracaso del que habla este filólogo de origen valenciano es algo palpable desde el mundo de la realidad actual lingüística, que está por encima de lo normativo, a mi juicio, porque lo condiciona en todos los estratos. Pero no solo en el rotundo fracaso del purismo tiene razón Lapesa…

Dejar todo en manos de la vorágine evolutiva del español, en cuanto a la influencia de la tecnología, podría traer como consecuencia el vernos inmersos en un mundo de escritura en el que consideremos hasta extraño decir o escribir: “Te mandé una tarjeta de amistad. Está en tu muro. Acordate de etiquetarme (o marcarme) en las fotos de la boda”, y le demos prioridad a expresiones paralelas y viciadas, como esta: “Te puse una friendly letter. Mirala en tu wall. Acordate de tagearme en las pics de la wedding”.


Evidentemente la utilización del lenguaje en internet resulta, sobre todo en las llamadas redes sociales, particular, privada, y cualquiera podría apelar a esto para valorar sus decisiones de escritura. ¡Y este cualquiera tendría razón!, pero solo hasta cierto punto, pues todo mundo puede escribir como le dé la gana en esos registros. No obstante, esto no significa que a ese tipo de escritura deba considerársele aceptada o correcta en todos los contextos o pueda vivir a sus anchas, sin razón que la justifique en medios de comunicación escrita, como los periódicos o medios oficiales, en donde poco a poco gana espacios sin discusión, basada únicamente en decisiones particulares de comunicadores que hacen suyo un modo de escritura.


Aunque “las extravagancias léxicas que hoy pululan en los medios de información no son achacables a los periodistas, sino a sus fuentes”, según se lee en el Manual de español urgente, de la Agencia Efe, quienes hacen uso del lenguaje como herramienta de comunicación, ya sea en medios de comunicación escrita u oral, deben dejar claro que el uso de esas palabras está enmarcado en la voz del entrevistado, pues utilizarlas como suyas hace que muchos lectores las consideren admisibles sin ninguna justificación más que por las decisiones de quienes escriben.

“Podemos establecer, sin equivocarnos mucho,
que hoy en día la principal vía de entrada
de neologismos en el habla del español
son los medios informativos”, Álex Grijelmo en "El estilo del periodista"


Los términos colonizadores —en inglés principalmente y nacidos de las nuevas tecnologías— se nos imponen de diversa forma, ayudados grandemente por la pereza en los medios de comunicación, que prefieren meterse en el río sin comprobar la existencia de puentes para pasar a la otra orilla.


Solamente si existe certeza de que no estamos dejando de lado algún vocablo en español que sí pueda definir o hacer referencia a lo que queremos expresar, se nos debería estar permitido utilizar este tipo de palabras, por lo menos en publicaciones serias y de medios de comunicación masiva. Es más, luego de esa constatación y de esa decisión, entran en juego otros dilemas, como el tipo de grafía a utilizar, su lexicalización, su escritura original, etc. Y eso se presta para otro comentario.


El gran problema es que los seguimos utilizando sin tino, a discreción y metiéndonos en la maraña evolutiva de un idioma que, frente a la lengua inglesa, es frágil, así como lo son la mayoría de idiomas en el mundo.