30 dic. 2008

Todos somos responsables

Despedimos este 2008 con los resultados de la más reciente encuesta de Huele a Error.

Gracias por leernos en este primer año de actividades. Esperamos seguir contando con su preferencia en 2009, un año que desde ya nos depara muchas sorpresas y muchas cosas que aprender sobre el lenguaje.

Ante la pregunta de ¿quiénes son los principales responsables por el mal uso del lenguaje en los periódicos?, los lectores respondieron:


Los editores 24%
Los periodistas 30%
Los correctores 8%
Todos 38%

22 dic. 2008

Felices fiestas

El equipo de Huele a Error agradece su preferencia. Ha sido un muy buen ejercicio el que hemos hecho en estos pocos días. Les deseamos una feliz Navidad y un excelente año 2009.

Este es el último error de 2008:

En la entrevista "No hay que caer en la encuestitis", del periódico digital El Faro, se lee:

Usted dijo que no le queda la menor duda que Ávila va a ganar la presidencia y hace esta afirmación con base en la percepción de cómo recibe la gente a Rodrigo en sus visitas. ¿Dónde vemos reflejada su percepción en las encuestas?

El error que aquí hacemos notar es de los más sencillitos. Se llama queísmo.

Para identificarlo se sigue un procedimiento simple, casi infantil: si desde el "que" se puede sustituir por un "eso", entonces la oración está bien redactada. Pero si no, entonces hay un error de los más antigüitos.

Veamos: la menor duda que Ávila va a ganar la presidencia

¿La menor duda eso? Piiiiiiiiiiiiiiiiiip, error, no se puede...


La menor duda de eso. TARÁN, esa es la respuesta correcta.

La pregunta de ese periódico debió escribirse entonces así:

Usted dijo que no le queda la menor duda de que Ávila va a ganar la presidencia y hace esta afirmación con base en la percepción de cómo recibe la gente a Rodrigo en sus visitas. ¿Dónde vemos reflejada su percepción en las encuestas?

FELIZ NAVIDAD

17 dic. 2008

Ya tenemos a los afortunados


LOS GANADORES DE LA RIFA NAVIDEÑA, CORTESÍA DE SANTILLANA, SON:


Primer lugar, Gramática descomplicada, de Álex Grijelmo: Francisco Antonio García Guzmán, licenciado en administración de empresas.

Segundo lugar, Diccionario de dificultades de la lengua española, de Santillana: Carlos Vladimir Portillo, redactor de Agencia de Noticias Efe.

Gracias a todos los que participaron. Gracias por sus correos desde México, España y Japón.

Huele a Error les desea feliz Navidad y un próspero y bien escrito año 2009.

16 dic. 2008

El texto que Ortega no quiso publicar

Huele a Error tiene el honor de presentar el texto que vetó el Instituto Nicaragüense de Cultura al escritor Sergio Ramírez. En principio, este prólogo estaba destinado a una antología de los poemas del nicaragüense Carlos Martínez Rivas, todo a cargo del periódico español El País.

Aprovechamos, además, para agradecer a este escritor, una de las plumas más importantes de los últimos tiempos en el mundo hispánico, por permitirnos esta publicación.

Muy pronto habrá más textos de Ramírez, un nuevo amigo de Huele a Error.

***

Horno al rojo vivo

Sergio Ramírez

A la hora del desayuno de mis tiempos oficiales en el gobierno de la revolución ya estaba allí el correo de Carlos Martínez Rivas como si una mano invisible lo hubiera dejado sobre la mesa: un sobre de manila que había tenido antes otro uso, rotulado con su letra escolástica, firmes y elásticos arabescos de tiempos de empatador y tintero que enlazaban con sus rúbricas, como virutas, unas palabras con otras. Caligrafía de alumno díscolo del Colegio Centroamérica de Granada junto al Gran Lago de Nicaragua, mimado de los jesuitas, sobre todo del poeta navarro Ángel Martínez Baigorri, su mejor maestro, y mimado de las musas. Dóctor, se dirigí a mí en el sobre, o Doktor. Él era the poet, nada más el poeta.

Ya estaban allí también los informes oficiales, los recados tempraneros, los partes y las tiras de telex que ya no existen más, pero la avidez me llevaba de primero a rasgar el sobre de Carlos para encontrar, sino era otra vez su testamento ológrafo, porque varias veces fui su heredero universal honorífico y legatario otras tantas veces de su biblioteca, disposición esta última que llegó a anular bajo el temor, sic, de que “la convertiría en una biblioteca popular”, sus poemas aún envueltos en el dorado calor del horno: madeleines para mojar en la taza de te de tilo a la hora del asma en Combray, croissantes para comer de pie junto a la barra en los desayunaderos de piso cubierto de aserrín de la rue Monsieur-le-Prince, muy al alba aguardentosa, hora de la alta resaca, mareo nostrum, los tiempos aquellos en que Octavio Paz lo recuerda aparecer entre los amigos de la inquerida bohemia con una guitarra y una botella llena de ron.

Su casa de Managua en el barrio de Altamira, uno de esos colmenares construidos después del terremoto, era como una panadería. Aunque alguien dijera por allí, quizás nosotros dos mismos conversando en eterna risa que ya traíamos muertos de risa desde los años ejemplares que compartimos en la década de los setenta en Costa Rica, que él llamaba con risa Costa Risa, encerrados en mi oficina burocrática de San Pedro de Montes de Oca, o en su celda monacal del falso Hotel Sheraton de la Avenida Central de San José, nombre ampuloso para un albergue de media mala muerte que sus propietarios chinos habían inscrito en el registro de marcas y no había trasnacional del mundo que pudiera quitarles, o como una ocurrencia más de aquellas de las tertulias de anochecer discutiendo literatura con José Coronel Urtecho a la luz de lámparas tubulares en el corredor con barandas de la hacienda Las Brisas que daba al Río Medio Queso anegándose en tinieblas, aunque alguien dijera, digo, cualquiera de nosotros dos, que más que una panadería se trataba más bien de una cueva, la cueva de Altamira con sus bisontes en la pared y el minotauro hidrópico que era él mismo paseándose en pelota entre esos muebles que no eran de hogar, sino de oficina de impuestos porque casa y muebles se los había proveído el gobierno, para qué más servía una revolución sino para amparar a un poeta, acaso sobre su desnudez una robe de chambre amarilla como una capa pluvial esponjándose en el aire tibio de la mañana. Y el espejo y la navaja de afeitar cruzados sobre la bacía llena de espuma de jabón. Cueva, o torre.

A esa puerta de la panadería de Altamira en la Managua que hervía a cuarenta grados centígrados llamó Graham Greene un mediodía de los dichosos años ochenta y el panadero barrigón en robe de chambre amarilla, válgame Dios, pelo hirsuto y labios tumefactos, abotagado de gin barato como aquel de la Fábrica Nacional de Licores de Costa Rica, comprado por cuartas en el Chellez Bar y que sabía a Pinesol, no le quiso abrir, y our man in Managua se quedó en el porche donde crecía feraz, el monte. La zarza ardiendo. Llamó con mejor suerte Mario Vargas Llosa, suerte que conocía a Blanca Varela y tuvo entonces entrada, y en la boca del horno le propuso al fauno comprarle su tomo crítico de las cartas de Flaubert, un viejo Flammarion de postguerra, y no se lo quiso vender, ni por todo el oro del mundo, me dijo luego esponjando en orgulloso disgusto la boca.

Por nada del mundo vendería tampoco la reproducción de la foto de Baudelaire, obra de Nadal, fijada con chinches al estante, pero quién quita un día de estos se la roban, como tantas cosas que desaparecen aquí, en toda fábrica de pan ocurre, se roban los huevos, la mantequilla. Hasta los moldes. Tanto derelict (palabra suya preferida=a social outcast, vagrant) rodeando a su dioscuro coronado de pámpanos, pululando ya de noche entre los sacos de harina, hurgando entre los desperdicios, un cardumen de gorgojos que busca pedacitos de gloria, fragmentos brillantes dispersos por el piso sin barrer, y a quienes el panadero de barba entrecana, una barba de días, gozoso de su papel, dirige como si se tratara de las pulgas amaestradas de un circo venido a menos.

En ese cuarto -la alacena- están los libros en sus estantes y los viejos periódicos arpillados en mesas y en el piso donde andan los gatos, el viejo Poe que bota a su paso pelambre, el primero. ¡Amontillado! ¡Quién tuviera a su disposición un barril de amontillado aunque fuera en el rincón de la escena de un crimen! Huele por doquier a alcohol derramado, a orines estancados, a materia fecal, a desperdicios de cocina; pero aquí en la alacena toda la materia prima es apetitosa, aceite, harina, azúcar, sal: son los libros sabios y suculentos que uno siempre quisiera leer, libros citables, precisos, suficientes para confeccionar las hogazas de pan que se sirven en la fonda de Henry Fielding (Tom Jones, expósito, Libro I, Capítulo 1): los formidables portables de Penguin, ese Edmond Wilson, por ejemplo (y se colocaba imaginariamente el tomo bajo el brazo, dando un orgulloso paseo). O el sólido bollo, harina y levadura, que es Jude the obscure de Thomas Hardy, y qué me decís de Sons and Lovers de D.H. Lawrence, ¿y Der Tod des Vergil, de Hermane Broch?, la muerte de Virgilio, no menos que la otra muerte, La muerte en Venecia, Der Tod im Venedig de Thomas Mann, y Dirk Bogarde sudando en la barbería funeraria bajo el maquillaje espectral. Una pronunciación espaciada, declamatoria, de cada título, el goce sapiente de cada palabra, como lo haría seguramente en las tertulias de cinco de la tarde Alexander Pope conversando con Orlando, el caballero-mujer de Virginia Wolf.

Libros arrastrados en el aluvión de su vida, piedras, lodo, amores perdidos, guitarras despanzurradas como aquella su guitarra en bandolera con la que lo vio llegar Octavio Paz, Carlos trastejando las cuerdas en el bar ya sin clientes del Hôtel des Etats-Unis, y otros amaneceres con Blanca Varela, y Fernando de Szyslo, y Julio Cortázar, y Ernesto Cardenal, todos juntos en aquella mesa del fondo que se aleja en un zoom inverso hasta que el obturador de la cámara se cierra en oscuridad, eternos desconsuelos, rencores de bolero, él, que como San Juan de la Cruz lloraba por verse postergado, (a ti te premian, a mi me plagian, le dijo en un poema a Octavio Paz), manías persecutorias, desprecio fementido de la fama.

Lecturas insuficientes: no hay lecturas suficientes, Doktor, porque ser sabio del todo sería como la muerte según el Doktor Faustus de Thomas Mann. Libros metidos en cajas de leche condensada para atravesar el mar, handle with extreme care, y los que se quedaron perdidos en París, y los otros abandonados en el apartamento de Argüelles en Madrid cuando fue el consejero cultural de la Embajada de Nicaragua que deambulaba por los bares hasta las claras del alba, y los que reposan aún en una oscura bodega en Los Ángeles, California, en espera del regreso de su dueño, el empleado de aduana marítima, puntual cuando no estaba en las cantinas, de corbata y cuello duro, mangas cortas, un clerk, como Rousseau el aduanero de los leones apacibles en azul nocturno. Igual a como vestía cuando lo conocí en León en tertulia improvisada, en la casa de Edgardo Buitrago en mayo de 1964, yéndose ya a España a asumir su puesto en la embajada, y yo a Costa Rica a asumir el mío en el Consejo Superior Universitario Centroamericano, clerk=la persona que realiza tales funciones como llevar registros y atender correspondencia, el clerk (oficinista) que guarda en una gaveta del escritorio el libro que lee furtivamente, talvez las poesías escogidas de William Blake, talvez las de Emily Dickinson: At last, to be identified!/At last, the lamps upon thy side/The rest of life to see! (¡Al fin, ser identificado! ¡Al fin las lámparas a tu lado, lo que queda de vida para ver!)

Después, en esa casa de Altamira, la cueva que fue panadería, estaban las sartenes, colocadas en orden, donde esperaban para entrar al horno los textos en proceso (work always in progress). Se ve lo que no se toca. Carpetas rotuladas con plumones violeta, negro, marrón, a las que nadie puede asomarse, y sin embargo, todo mundo se asoma, todo mundo se siente en esta feria con el derecho de secuestrar esos manuscritos (mecanoscritos) para llevárselos como souvenirs, travestis sin fortuna, efebos indefensos como aquel del dormir plácido en el sótano del Louvre, erinnias mal disfrazadas de monjas, o peor, de vedettes, o de vampiresas, putillas, poetillas: si no estuviera el otro. El difuso terco mundillo del amanecer. La pululante línea de la imperfección y el anonimato…

Y finalmente el horno, la máquina de escribir, seriamente colocada sobre el escritorio de contador segundo, frente al sillón de vinilo estacionado a la distancia precisa. Su firma al pie de cada poema, cmr. La manía cmr ha llegado a consistir en sus constantes denuncias contra los tipógrafos primero, y las operadoras de computadora al acabarse los tipógrafos, porque cometen demasiados errores y arruinan los textos ¡La fatalidad de una letra trastocada, de la línea de un verso mal cortada, traiciones a la fidelidad! De modo que las cuartillas salidas de la máquina, y tecleadas con primor maniático-a veces con subrayados en rojo (llegó la hora en que esas cintas de máquina de dos colores dejaron, alas, de existir) iban directamente a la plana del suplemento literario, fotografiadas en vivo. Si es que iban, porque había aún una mejor manía, la de negarse a publicar sus poemas.


Pasaron los años. El horno, con su rojo fulgor de infierno, aventando chispas por la boca que traga las sartenes, no hay modo que no siga encendido en la cueva desierta del panadero que toda la vida pasó aprendiendo a actuar, a vivir, a beber como Baudelaire, la perfomance de su vida que fue toda su vida. Suyo el rescoldo del absintio, suya la resaca del ajenjo que tiñen de verde las llamas del horno y el cielo del paraíso, infierno de cielo. Un ensayo de infierno. Ensayo con trajes, hoy, dress rehearsal, y la gran gala, poet, suspendida por fuerza mayor. Pan duro, duro aprendizaje. La última sopita. La cama final de la sala J del Hospital Militar de Managua.

El coche funerario arrastrado por la pareja de caballos enclenques de cabezas empenachadas y los lomos cubiertos por un velo negro como de mosquitero, va por la Calle Real de Granada mientras los transeúntes se alinean extrañados en las aceras porque detrás la banda militar toca marchas dolientes. Y no hay manera que se aparte de la cabeza del muerto eximio el recuerdo implacable de su madre endeudada que se suicidó porque había dispuesto de las joyas que el Monte de Piedad le confiaba para colocar, sólo para que el hijo se hiciera poeta en París, el hijo pródigo, el hijo prodigio. Y la edición príncipe de un mil ejemplares de La insurrección solitaria, su único libro que siempre crecía o disminuía, según el caso, que se trajo de México casi íntegra y se comieron la humedad y las polillas en la bodega de un beneficio de café de la hacienda de un pariente suyo, cercana a Managua. ¿Hay un ataúd que clavan con gran prisa en alguna parte? Ce bruit mystérieux sonne comme un départ…

Y vestido ya para la gran gala, según la foto de Nadal, mantos y mangas de mujeres lo depositan en la obscura y helada tumba que se buscó. Y que viene a ser lo mismo según su San Malcolm Lowry y el mío, la oscura tumba donde yace mi amigo.

11 dic. 2008

Siguen las tarjetas


Qué difícil la vida...


Recientemente explicamos que los pronombres demostrativos dejaron de tildarse desde hace ya varios años, y así queda registrado en las páginas de textos como el "Diccionario de la lengua española", edición 2001.


Se lo explicamos a El Faro, sí, y también le dijimos que la única razón para tildar este tipo de palabras es que exista un riesgo claro de anfibología, determinada por el contexto.


Pero lo volvieron a hacer.


El editorial de esta semana de ese periódico digital dice, en uno de sus párrafos:


En El Salvador vivimos en democracia desde 1992. Ésta implica que la autoridad sujeta a elección recae en quien el pueblo decida.


Pregunto: ¿no es obvio que ese pronombre está haciendo referencia al sustantivo democracia?


No queremos volver a dar la explicación gramatical de la última ocasión, así que por el momento solo remarcaremos este error en el que ha caído una vez más El Faro.

9 dic. 2008

UN REGALO DE NAVIDAD PARA USTED




Gracias, amigo lector, por brindarnos algo de su tiempo durante estos pocos días de vida de Huele a Error. Nuestro equipo está convencido de que solo gracias a su lectura conseguiremos hacer que este proyecto dé pasos firmes.

Como un regalo de Navidad (sí, con mayúscula inicial), y con el apoyo del Grupo Editorial Santillana, abrimos hoy una rifa de dos libros que pueden ser de utilidad a periodistas o a público en general. "La gramática descomplicada", de Álex Grijelmo, y el "Diccionario de dificultades de la lengua española", de Santillana, son sus regalos.

Lo único que hay que hacer es enviar un correo electrónico a elerikrivera@hotmail.com que contenga la siguiente información: nombre, profesión y teléfono.



¡¡¡¡La próxima semana anunciaremos a los dos ganadores!!!!









3 dic. 2008

Lo mismo, pero al revés


Me cuentan que ya hablaba, pero yo no lo recuerdo. Debe de ser cierto puesto que ya tenía tres años y lo normal es que a esa edad los niños hablen, y mucho. Es más, mi abuela Gonzala gustaba recordar una frase mía de aquellos años; contaba que una tarde, después de estar varias horas jugando en el jardín de su casa, subí las escaleras que lo comunicaban con la cocina y le dije: «¡Abueya, toy mueto de hambe!».

Poco tiempo después dejamos de vernos; dejé de ver a mi abuela Gonzala Santamaría y a mis abuelos Herminia Vallbona y Andreu Font, y también dejé de ver a mis tíos y a mis primos; tardaría ocho años en volver a verlos.

Sucedió que Pedro Gómez de Santamaría, mi padre, tuvo que abandonar España para evitar ir a la cárcel por un «delito político», y tras pasar una temporada en Glasgow, en la sede central de la empresa para la que trabajaba ―Fabra & Coats― le ofrecieron hacerse cargo de un puesto en la dirección de una planta recién inaugurada en Colombia, en la ciudad de Pereira.

Tres años tenía cuando, en 1958, Catalina Font Vallbona, Pilar Gómez Font ―mi madre y mi hermana― y yo aterrizamos en Bogotá y logré ver a mi padre esperándonos asomado tras una puerta. Desde allí, tras descansar, seguimos hacia Pereira, la ciudad en la que íbamos a vivir.

Supongo que pasó muy poco tiempo para que mi español de España (mi amigo Daniel Samper lo llama españolés) desapareciese del todo y de mis labios saliese únicamente la variante colombiana conocida como paisa, propia de la zona donde estábamos. El único recuerdo lingüístico de mis primeros días en el colegio, en kínder (así se llama allá al curso preescolar), es que mis compañeros de clase me pedían que dijese corasón como se decía en España y yo de inmediato respondía: «coraZón», imitando la pronunciación de mis padres.

La mimetización fue tan completa que en poco tiempo llegué a conocer y reconocer, gracias a la radio, la televisión y los viajes por Colombia, muchas de las otras formas del español de ese país y sus distintas cadencias. Mi colombianización lingüística fue absoluta, aunque en mi casa oyese hablar todos los días a dos españoles con acento de Reus y de Valladolid respectivamente. A tal extremo llegó la asimilación que aún hoy, muchos años después, hay personas que cuando me oyen por primera vez me preguntan que de dónde soy.

Al cabo de ocho años, en 1966, hubo un proceso inverso: volvimos a España, y ese colombianito con once años recién cumplidos siguió hablando paisa en su casa, pero renunció a él en la calle y en el colegio para no ser distinto. Me costó poco, pues me bastó con reproducir lo que siempre había oído en el hogar. Y ahí, de puertas adentro, seguí seseando y seguí tratando de usted a mi amá, a mi apá y a mi hermana. Hoy, cuarenta y dos años más tarde, sigo dirigiéndome en el más puro paisa a mi familia directa, y cuando visito Colombia logro pasar totalmente inadvertido.

Todas esa introducción es solo para explicar la profunda emoción que siento, de unos pocos años a esta parte, muchas mañanas cuando camino desde mi casa hacia la oficina ―en Madrid― y me cruzo con familias de inmigrantes hispanos que acompañan a sus niños al colegio: mis oídos se aguzan, persigo los sonidos de sus conversaciones y me deleito al percibir cómo los papás hablan con acento ecuatoriano, peruano, colombiano, boliviano, dominicano… y los niños les contestan con el español más madrileño de todos los madrileños. El mismo español en el que oigo conversar a los grupitos de niñas de uniforme que corren porque llegan tarde y cuyas pieles y facciones indican que son de aquí y de allá, y todas hablan igual.

Me emociono mucho, incluso dejo que de vez en cuando se me escape alguna lágrima, mientras pienso: lo mismo, pero al revés.

Alberto Gómez Font
Madrid, invierno del 2008

1 dic. 2008

Lo siguen haciendo...




Tarjeta amarilla: La Prensa Gráfica ya había sido advertida sobre errores de concordancia entre género y número, y lo volvió a hacer. Así que ni modo, no quiero quejas.


La nota Arzobispo critica paro en hospitales dice, en uno de sus párrafos:


Al paro se unió el Hospital Zacamil y algunos nosocomios del interior, como el de Cojutepeque, Zacatecoluca y La Unión.


Ya no explicaremos mucho sobre asuntos gramaticales, porque ya es tarjeta amarilla, señores. Solamente aclaro que la expresión correcta debió ser:


Al paro se unieron el Hospital Zacamil y algunos nosocomios del interior, como el de Cojutepeque, Zacatecoluca y La Unión.

El Diario de Hoy a la cabeza en número de errores

COMENZAMOS LA SEMANA CON LOS RESULTADOS DE LA MÁS RECIENTE ENCUESTA DE HUELE A ERROR. APROVECHAMOS LA OPORTUNIDAD PARA AGRADECER LA PREFERENCIA DE NUESTROS LECTORES; AGRADECEMOS INCLUSO LAS CRÍTICAS HACIA EL SITIO Y ESPERAMOS CONTINUAR GOZANDO DE SUS TAN VALIOSAS VISITAS. ESTA ENCUESTA, POR SU PARTICIPACIÓN, ROMPIÓ TODOS NUESTROS RÉCORDS.

Ante la pregunta de cuál es el periódico (de los monitoreados) que más descuida el lenguaje, la respuesta de los lectores fue la siguiente:

  • EL DIARIO DE HOY: 55%

  • LA PRENSA GRÁFICA: 24%

  • EL FARO: 21%

25 nov. 2008

Un mensaje de una lectora

Hola, que grato encontrarme con iniciativas como http://hueleaerror.blogspot.com/.

Trabajo en El Diario de Hoy, y también en la docencia. A mis alumnos los empujo a que se metan al tema de los blogs, por ello, elaboro el propio a manera de guía y apoyo para la clase.

Ahora que impartiré la materia de redacción, y que conozco del trabajo en el medio, pretendo guiarlos en la manera de lo posible hacia un mejor camino.

Lastimosamente, en algunos casos, los errores no son del periodista sino del editor, eso usted también lo sabe.

Justamente estaba considerando elaborar un manual de estilos para mis estudiantes.

Ahora que entré a su blog, me doy cuenta que coincidimos en algunos sitios de apoyo. Sólo uno de ellos que no conocía y que agregaré a mis favoritos.

Permitame felicitarlo por ese esfuerzo que sin duda servirá a más de algún comunicador.

Saludos

Yensy Ortiz

20 nov. 2008

GRACIAS, GRACIAS

El equipo de Huele a Error quiere agradecer, a través de esta entrada, la preferencia de sus lectores.

Nuestra última encuesta ha roto ya las expectativas sobre el número de participantes. Esto nos llena de orgullo y nos da ánimos para seguir escribiendo y monitoreando a los medios sobre el correcto uso del lenguaje.

Esperamos muy pronto tener nuevas secciones y un carácter cada vez más dinámico de la información.

Nuevamente gracias a todos: a los lectores interesados en el lenguaje, a los editores abiertos a la crítica, a los que se enojan, a los estudiantes, a ex periodistas, a los peleados con los medios, a los interesados en que la cosa mejore, a los correctores de estilo, a los jefes que ojalá algún día le pongan más empeño a la importancia del lenguaje, etc.

Faltan pocas horas para que se cierre la encuesta sobre qué medio daña más al lenguaje, pero ya que hemos superado la cifra, tenemos que dar las gracias.

En el próximo texto, mostraremos los resultados finales de la encuesta.

Bienvenidos, Séptimo Sentido. Y felicidades por el récord...


Queremos dar la bienvenida a Séptimo Sentido, una revista de La Prensa Gráfica.

La lectura de la entrevista Era un poco más fácil con Schafik nos trajo un resultado inesperado: el récord a la mayor cantidad de errores en Huele a Error.

La mayoría de estos son de concordancia, pero también hay varios en cuanto a que el autor no utiliza coma en las proposiciones coordinadas adversativas introducidas por conjunciones como pero.

Una cosa es transcribir literalmente las respuestas del entrevistado y otra cosa es pasarse de la raya en todo, incluso en las preguntas y en la ignorancia de las reglas.

Como hay muchos errores (de concordancia, errores sin explicación científica, de comas, de dedo, etc.), solamente los enlistaremos y colocaremos la forma correcta inmediatemente después. Y solo enlistamos algunos.

Huele a Error da las gracias a Séptimo Sentido por tan interminable banco. Comenzamos:


1. Eso, al menos, fue hasta 2007, cuando la administración del presidente Saca recurrió a la fideicomisos

Eso, al menos, fue hasta 2007, cuando la administración del presidente Saca recurrió a los fideicomisos



2. Él lo sabe pero acata

Él lo sabe, pero acata



3. ¿Cuál el límite entonces? ¿En qué puede y en qué no meterse el Estado?

¿Cuál es el límite entonces? ¿En qué puede y en qué no meterse el Estado?


4. ¿Para usted ha sido una ventaja que el FMLN se una confluencia de corrientes?


¿Para usted ha sido una ventaja que el FMLN sea una confluencia de corrientes?



5. Y ya vimos que ARENA no sucedió así.

Y ya vimos que en ARENA no sucedió así.



6. ¿Pero en qué es lo que no estaba de acuerdo?

¿Pero en qué es en lo que no estaba de acuerdo?




7. Bueno, yo quisiera estar en tal y cual posición pero yo he desempeñado cargos hasta la directiva departamental (HAE: aunque en esta última en negrita solo falta que digan que quisieron transcribir exacto lo que dijo el diputado), y con eso he estado a gusto

Bueno, yo quisiera estar en tal y cual posición, pero yo he desempeñado cargos hasta en la directiva departamental, y con eso he estado a gusto




8. “Sé que es una persona que ha desarrollado este trabajo pero lo voy a necesitar en otro esfuerzo”

“Sé que es una persona que ha desarrollado este trabajo, pero lo voy a necesitar en otro esfuerzo”




9. Sí, dándole duro pero en el buen sentido de la palabra.

Sí, dándole duro, pero en el buen sentido de la palabra.

16 nov. 2008

Este...

El periódico digital El Faro publica el siguiente párrafo en su nota Demanda contra Cristiani en España por asesinato de jesuitas:


Aunque en El Salvador ya se hizo un juicio por el crimen de los sacerdotes jesuitas, éste dejó insatisfechos a los demandantes, porque adujeron que la investigación judicial fue muy limitada a propósito y se centró nada más en buscar a los autores materiales de la masacre.

Los pronombres demostrativos, desde la edición de 2001 del Diccionario de la lengua española, dejaron de tildarse a menos que exista un riesgo claro de anfibología ("doble sentido, vicio de la palabra, cláusula o manera de hablar a que puede darse más de una interpretación"). En este caso, claramente se percibe que ese pronombre se refiere a la palabra juicio.

Los riesgos de anfibología en la mayoría de casos quedan determinados por el contexto, como explica la Gramática descriptiva de Ignacio Bosque, y en el caso de los pronombres demostrativos, son casi inexistentes, por el mismo motivo contextual.

Huele a Error recomienda a El Faro adoptar la medida que toma en cuenta la sección de Corrección de La Prensa Gráfica: no tildar nunca estas palabras.

10 nov. 2008

¿Póker o póquer o poker?

La página 2 de El Diario de Hoy relumbra este día con un guapo, muy guapo, error en el titular:

PÓKER

¿Lindo, no? Así juegan con ese tan trillado término, en referencia a los cuatro goles que el fin de semana anotaron Samuel Eto´o y Gonzalo Higuaín, del Barcelona y el Real Madrid, respectivamente.

Pero escrito así, señores, es un error mayúsculo, error de titular, de los que lucen más.

La palabra póker no está registrada en los diccionarios de la lengua española. Es la adaptación (con tilde) de un anglicismo, pero una adaptación errónea.

Quien escribió y quien editó en El Diario de Hoy el sábado por la noche solo tenían que ingresar al Diccionario de la lengua española, en la dirección http://www.rae.es/, para darse cuenta de que la palabra como tal no existe.

En cambio, debió escribirse póquer, pues esta sí es la adaptación al español.

Para quedar más claritos, veamos la definición del catálogo lexicográfico citado:

póquer.

(Del ingl. poker).

1. m. Juego de naipes en que cada jugador recibe cinco. Es juego de envite, y gana quien reúne la combinación superior entre las varias establecidas.

2. m. En este juego, jugada que resulta de la combinación de cuatro cartas iguales. Póquer de ases


Nota de homenaje:

La semana pasada, también El Diario de Hoy utilizó la palabra vergudo en un contexto en el que, queremos pensar, quiso usar verdugo. Desde ese día, Huele a Error ha recibido constantes llamadas y mensajes para que sea incluido en estas páginas, y no tenemos más que agradecer esas muestras de cariño de nuestros lectores.

En efecto, este es un error: Alessandro del Piero, vergudo del Madrid

O por lo menos queremos creer que es un error... de dedo por lo menos... ojalá...

(Sin comentarios...)

Hasta la próxima

7 nov. 2008

¿Qué opinás sobre los resultados?

La más reciente encuesta de Huele a Error ha dado los siguientes resultados.

Ante la pregunta: ¿de qué tipo son los errores más comunes en los medios?, nuestros visitantes respondieron así:

El 22% cree que los errores principalmente son de puntuación; el 37%, de redacción periodística; el 0% (¡!), de ortografía; y el 41% cree que los errores son de todo tipo.

Los invito a que se animen a hacer comentarios sobre los resultados de la encuesta. O bien, a escribir cualquier aporte para este su blog.

Gracias.

23 oct. 2008

Huele a Error, en cobertura exclusiva de la Cumbre

La Prensa Gráfica publica en la edición de hoy, en su tema Iberoamérica dividida por crisis financiera, el siguiente párrafo:

Los privados, reunidos en el tradicional Foro Empresarial que se celebra en paralelo a estas cumbres, hicieron un llamado a los gobiernos para que mantengan un sistema que propicie la libertad política y económica, y un Estado de Derecho que garantice la libre competencia y el total respeto a la propiedad privada.

Aunque este error ya lo habíamos aclarado en entradas anteriores de Huele a Error, aquí no nos cansamos. Así que volveremos a explicarle a La Prensa Gráfica lo siguiente:

Según el Vademécum de la Fundación de Español Urgente: "Para evitar la confusión acerca de cuándo la palabra estado lleva inicial mayúscula y cuándo no, se recuerda que solo debe escribirse con mayúscula inicial ―Estado―, para referirse al conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano, a la forma de organización política de un país soberano o a la entidad militar denominada «Estado Mayor», mientras que en los demás casos se escribe estado, con minúscula. Se escriben con mayúscula inicial «Estado federal», «golpe de Estado», «el Estado chileno», «razón de Estado», «secreto de Estado», «Estado de derecho», «mujer de Estado», etc.".

Entonces, muchachos, por si lo han vuelto a olvidar, la próxima vez, si es que quieren dejar de cometer este molesto error, deberán escribir Estado de derecho, es decir, solamente la primera letra en mayúscula.

Error de apodos en El Diario de Hoy

Alegre por el triunfo de mi equipo, me dispuse a leer la crónica del juego que más destacó en esta última fecha del torneo local de fútbol.

Ahí, encontré varios yerros, como por ejemplo el hecho de escribir impresión o impresiones por imprecisión o imprecisiones. ¿Gracioso, no? Pero bueno, más allá de este obvio problema, esta crónica me sirve para tocar un tema importante, el de los apodos.

Dice la crónica, en uno de sus párrafos finales:

Alianza en ese momento se cayó anímicamente, aunque antes de cerrar el primer tiempo pudo haber logrado la igualdad. En tiempo de descuento, al 46', el caballito Álvarez no pudo mandar al fondo un tiro centro de Nunes, mandándolo afuera.

El uso de apodos tiene un apartado en la Ortografía de la lengua española.

Entendemos que Francisco Álverez, jugador del Alianza F.C., no se llama Caballito, por lo que es necesario que si rija bajo los siguientes criterios:

Todos los apodos deben ir entrecomillados o en cursiva (según el estilo del periódico). Los nombres al interior de los apodos van en mayúscula, y los artículos o determinantes, en minúscula.

Así, la correcta escritura en un caso famoso es esta: Jorge "el Mágico" González, y no: Jorge el Mágico González o Jorge el mágico González.

En el caso que nos ocupa, se debió escribir, "el Caballito" Álvarez.

Un error frecuente en estos casos es utilizar mayúscula para los artículos, y mucha gente escribe Jorge "El Mágico", por ejemplo. Repito, entonces, que el artículo de los apodos va en minúscula, excepto cuando inicia una oración.

Huele a Error con difusión en Costa Rica

A continuación, un correo de German Rosales dirigido a un foro de periodistas costarricenses. Además, este mensaje circulará entre la red del Instituto de Prensa y Libertad de Expresión, con sede en Costa Rica.

Huele a Error agradece a German por tan importante aporte y por el apoyo en favor de la regionalización de nuestra iniciativa.


Estimados Carlos y amigos:

No soy mucho de intervenir en estás agradables cadenas de opinión, pero ciertamente quería compartir con ustedes dos novedades que me he encontrado en los últimos días, cuando he tenido más tiempo de la cuenta luego de mi reciente intervención quirúrgica.

El primero es un blog de reciente creación, dirigido por el periodista salvadoreño Erik Rivera, llamado "¿Está limpia su pluma, periodista?" (http://www.hueleaerror.blogspot.com/), el cual es un esfuerzo por parte de mi colega para tener una especie de ombusman de la prensa, si se quiere.

En él, ustedes podrán encontrar un espacio para dar a conocer, discutir y opinar acerca de yerros que encontramos en nuestros medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros, tanto de foma como de estilo.Me parece que es una iniciativa muy valiosa, la cual no debe pasar desapercibida, por lo que los insto a que la visiten y aporten sus opiniones y comentarios, ya sea en el mismo blog o enviando un correo a elerikrivera@hotmail.com.

Por último, les comparto abajo el link del editorial de hoy del New York Times, en el cual dicho medio de comuicación, de los más prestigiosos del mundo y formador de opinión mundial por excelencia, da su apoyo total e irrestricto a Barack Obama para la Presidencia de los Estados Unidos.El documento de por si es muy interesante por su forma y contenidos, por lo que les insto a ingresar al link http://www.nytimes.com/2008/10/24/opinion/24fri1.html?pagewanted=1&ref=opinion y comprobarlo por ustedes mismos.Feliz tarde e inmejorable fin de semanaGerman!

Huele a Error en busca de la regionalización

Un muy buen amigo nuestro, el periodista costarricense German Rosales, nos envía este mensaje desde San José. Huele a Error agradece este valioso gesto y le da la bienvenida a German en este proyecto.

Estimado Erick y colegas salvadoreños:

Con sumo aprecio me honro en unirme a la lista de colaboradores del blog "¿Está limpia su pluma, periodista?" (www.hueleaerror.blogspot.com), el cual, a mi humilde criterio, viene a llenar un vacío no solo en la prensa salvadoreña, sino que además de la región, pues esta es la primera iniciativa de su tipo que conozco.

Por lo tanto, ojalá que poco a poco crezca, no solamente con la incorporación de más y más colegas, sino que con personas de toda la sociedad civil, quienes puedan enriquecernos ampliamente con sus comentarios, opiniones y sugerencias, para que el periodismo como tal siga no solo vivo, sino que mantenga la calidad que nuestros lectores, radioescuchas y televidentes esperan; porque al final de cuentas, a ellos es a quienes nos debemos siempre.

Ciertamente a veces creemos que lo que escribimos o decimos está bien, pero la verdad sea dicha, nadie es dueño de la verdad absoluta y todo esfuerzo comunicativo siempre es perfeccionable, de allí mis parabienes a Erick y le agradezco por permitirme colaborar en esta nueva ventana de opinión periódistica. No dudés que compartiré con mis amigos y colegas tu esfuerzo, para que cada día crezca más.
Saludos y éxitos.


German Rosales

German Rosales Vargas

22 oct. 2008

Uso de españolismos en La Prensa Gráfica... Ayúdanos, Señor


Me levanté con buenos ánimos y con ganas de disfrutar de una buena lectura de periódico más que de criticar. Pero la vida es dura.

En La Prensa Gráfica escriben hoy, en la tristemente célebre sección Famaplús (sí, esa es la correcta escritura de ese nombre), en la nota ¡Preparados para los “campuseros”!:

Es así, como desde esta semana se iniciaron los preparativos en la villa deportiva, para seleccionar los espacios donde los jóvenes colocarán sus ordenadores y empezarán con la exhibición de sus proyectos. De igual manera los salones donde estos podrán acampar, así como el área de inclusión digital.


Trataré de no enojarme, aunque me cueste, porque este es el tipo de error que más mal me cae, hablando en buen español salvadoreño.

Pero seamos calmos en la crítica:

Señores y señoras, ¿de dónde se saca la palabra ordenador para un contexto lingüístico tan salvadoreño como este periódico, quizá el más clásico y de mayor renombre del país?

Dice el Diccionario de la lengua española:

ordenador, ra.
(Del
lat. ordinātor, -ōris).

3. m. Esp. Máquina electrónica dotada de una memoria de gran capacidad y de métodos de tratamiento de la información, capaz de resolver problemas aritméticos y lógicos gracias a la utilización automática de programas registrados en ella.


Ahora, para quien no lo haya notado, ese Esp. significa España, esto es, que la palabra es EXCLUSIVA del contexto español, es un españolismo.

¿Quién, en su sano juicio, le llama ordenador a la computadora en El Salvador? ¿QUIÉN?

Existen países, como Colombia, que tienen otra manera de llamar a ese aparato. Ahí, el nombre es computador, en masculino. Pues ahí se le llama así en las calles y en los periódicos... ¿¿¿Pero en La Prensa Gráfica qué diablos pasa???


Mientras otras naciones, como Colombia, México, Argentina, entre otros, defienden su idioma, su registro, su español diferenciado y tan válido como el epañol de España o de otro país hispanohablante, en La Prensa Gráfica siguen sucediendo cosas como esta... o como la maldita forma de decirle móvil al celular, para usar un españolismo más. Pero ese tema lo tocaremos en otra ocasión.

Dame paciencia, Señor.

19 oct. 2008

Un error más de EDH, gracias a la colaboración de una amiga

Francisca Guerrero, ex periodista de La Prensa Gráfica y de medios independientes en Honduras, comparte un error sobre uso de coma entre sujeto y predicado.

Antes de esto, quiero hacer notar una duda que un editor discutió conmigo recientemente y quiero volver a ser claro: no se puede separar el sujeto del predicado, con excepción de los casos en que exista un elemento antes del verbo principal que deba encerrarse entre comas. De lo contrario, aunque el sujeto sea gigante, no puede separarse del predicado con una coma... ni con nada.

Si se requiere de más información, se puede revisar la explicación más práctica en la Ortografía de la Academia, en donde este tema es tratado en Usos incorrectos de coma.

Volviendo a lo más importante de esta entrada, esto escribió Francisca Guerrero, con muchísima razón:

Otro error sobre la coma y el sujeto...

San Miguel

Comunidad educativa del INIM rechaza vinculación con delincuencia
» Realizaron una marcha por las principales calles de la ciudad

Rosa María Pastrán/Verónica Ferrufino
Martes, 14 de Octubre de 2008

Un grupo de estudiantes, ex alumnos, maestros y autoridades del Instituto Nacional Isidro Menéndez de San Miguel (INIM), marcharon esta mañana por las principales calles de la ciudad para desvincular a la institución educativa de la ola delincuencial que afecta al país.

En efecto, Fran, esa coma está mal puesta.

Gracias por colaborar con este proyecto.

Un colega más aporta en Huele a Error

Geovanny Ábrego, ex corrector y periodista de La Prensa Gráfica y actualmente radicado en Estados Unidos, quiere contestar con un aparte propio a Francesca Falconi sobre su duda.

A continuación, reproduzco íntegro el mensaje de Ábrego.

Sobre la duda de Francesa:

En cuanto a si escribir 120,000,000 o la cantidad astronómica que sea, yo diría que, en el caso de los medios de comunicación y en casos personales también, la forma más "clara" de escribirlo sería "120 millones", así evitamos que la gente tenga un dolor de cabeza o gaste sus neuronas sin necesidad por una cifra que se puede expresar (y leer) de forma más sencilla. Y si la Real Academia Española (RAE) no estuviera de acuerdo con esto, pues bien podríamos enviarle una recomendación para que lo aceptara. De todas formas, ya sabemos que en la misma RAE hay diferencias en cuanto a asuntos como estos.

14 oct. 2008

Los niños se pusieron de acuerdo

Y yo que creía que estos errores ya casi no se veían...

La Prensa Gráfica, en su tema del día, Distribuidoras anuncian alza en tarifas eléctricas, publica hoy:

Ayala Grimaldi dijo que la Superintendencia de Electricidad y Telecomunicaciones (SIGET), la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del río Lempa (CEL) y el Ministerio de Economía, aún buscan cómo cubrir el costo del subsidio para el semestre siguiente.

Más allá de no poner el nombre completo y correcto de SIGET, entiéndase, señores, por Dios, que el sujeto y el verbo principal de la oración no pueden estar separados por coma a menos que haya un elemento explicativo (o similares) que obligue a ello. En el ejemplo, he hecho notar con un tamaño diferente la coma que incurre en ese error.

Para ponerlo más claro: el sujeto de esa oración es la Superintendencia de Electricidad y Telecomunicaciones (SIGET), la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del río Lempa (CEL) y el Ministerio de Economía. Sí, ¡los tres nombres!, y el verbo principal es buscan. Entonces, ¿QUÉ DIABLOS HACE ESA COMA AHÍ?

Este error equivale a escribir: Juan, comió mucho. ¿PARA QUÉ ESA COMA? !¿PARA QUÉ?!

***
Y...

¡Ay, ay, ay! Como si de acuerdo se hubieran puesto, el periódico El Faro publica, también en su tema principal, un error similar.

En la entrevista a Arturo Zablah, ahora candidato a la vicepresidencia, se lee ¡en el sumario!:

Zablah dice tener una garantía de que la Arena a la que repudiaba hace un año, quedó atrás

¿Para qué, oh, Señor, le ponen coma a eso? Para qué, para qué...

Definitivamente, yo pensaba que estos temitas de no separar el sujeto del verbo principal con una coma, sin razón gramatical sustentable, eran temas superados en las redacciones de los medios. Pero me equivoqué.

Los culpables

A continuación, los datos de la última encuesta de Huele a Error.

¿Cuál es la razón por la cual los periodistas utilizan mal su principal herramienta, el idioma?

45.5% culpa a educación universitaria por tantos errores

42% culpa a la desidia de los comunicadores en cuanto al uso del lenguaje

12.5% culpa a los medios de comunicación por no importarles el correcto uso del idioma

¿Interesante, no?

12 oct. 2008

La correcta escritura en el área económica


Francesca Falconi, respetada y querida amiga nuestra, envió ayer, domingo, una consulta más a Huele a Error. Nos llena de alegría que cada vez más personas confíen en este blog. Esta es la duda de Francesca, experimentada periodista y editora del área económica:

Estimado Erik:

De antemano felicidades por el blog, realmente es un sitio bastante práctico para los que intentamos transmitir de la mejor manera nuestras investigaciones. Te consulto porque escribo mucho acerca de economía y ante la crisis mundial surgen dudas acerca de la forma correcta de transmitir la información.

La primera de ella se trata al menos en el caso mío del dilema de billones y millones. ¿Se puede traducir, debido a la facilidad de interpretación y si la cifra viene de un lenguaje anglosajón: US$120, 000 millones a US$120 billones?, ¿cual es la forma correcta de escribirlo: 120 mil millones de dólares ó 120 billones de dólares? Te agradecería tu veredicto ante este dilema, ya que he visto en los períodicos y revistas, toda esta variedad de 4 opciones que te menciono arriba sin que haya un consenso.

Francesca.


Es un placer, Francesca, contestarte.

Efectivamente, hay un dilema, y no entraré en detalles sobre cuántas veces he leído y he escuchado en los distintos medios de comunicación un error de miles de millones, literalmente.

El llamado billion norteamericano equivale solamente a mil millones, lo mismo que el francés milliard. Sin embargo, en Inglaterra, Francia, Italia, Portugal y Alemania, el billón posee el mismo valor que en los países de habla hispana (un millón de millones), según el Vademécum de Fundéu.

El Diccionario de la lengua española explica que un billón es en realidad "un millón de millones, que se expresa por la unidad seguida de doce ceros".

Traducir ese billion norteamericano por un billón en español es un error millonario.


Francesca nos pidió también que aclaráramos sobre la correcta escritura, en un dilema tan viejo como el tiempo, de estas denominaciones.

¿Cómo se escribe: 120,000,000 ó 120 millones? A este respecto, amiga, solo debemos referirnos de una forma: cada periódico y cada revista uniforman como mejor les parezca el asunto; eso sí, una vez tomada la determinación sobre qué opción escoger, esta se debe respetar en todo momento.
A veces, el espacio determina la escritura. Y a veces, lamentablemente, la desidia determina... todo.

Hasta la próxima.

9 oct. 2008

Género y número, de La Prensa Gráfica

El error que a continuación comentamos es uno de los más recurrentes en los medios de comunicación. Sin embargo, el hecho de que sea tan recurrente obliga a tratarlo y a intentar atacarlo. Ya mucho.

"No ocurre que los diarios cometan muchos desatinos diferentes: en realidad, suman muy pocos. Pero siempre los mismos", dice el amigo Álex Grijelmo en la introducción de su obra más célebre, El estilo del periodista. Y este error de La Prensa Gráfica es uno de esos, de los mismos de siempre.

La nota Depresión tropical afecta a 290 familias dice ¡en el primer párrafo!:

Según el reporte del Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET), la depresión tropical Sixteen E ha tomado rumbo oeste de manera más acelerada de lo esperado, por lo que se espera que la situación atemporalada que hay en el país desde ayer se reduzca solo a la zona centro y occidente y se normalice hacia el viernes de esta semana.

Sí, como usted ya lo noto, amigo lector, el error recae en las grafías en negritas.

Veamos: la palabra zona es un sustantivo, un nombre femenino, muy sonoro y parco, por cierto. Está precedido por un determinante que en efecto es también femenino, la, pero no solo eso: en ambos casos, señores, no me digan que no lo ven, por Dios, las palabras están ¡en singular!

¿Esto qué nos indica? Pues que en caso de que haya algún adjetivo que suceda a ese determinante y a su sustantivo, este debería ser femenino y singular.

¡PERO NO! ¿Cómo es eso de la zona centro y occidente? La correcta escritura debería ser las zonas central y occidental. Póngase usted a pensar, amigo lector, que este error es equivalente a decir: la casa alto y viejo.

La congruencia entre género y número... La congruencia entre género y número... ¡La congruencia entre género y número!

He dicho.

Para las elecciones

Ayer recibimos una consulta, valiosísima, sobre el correcto uso del verbo correr.
El periodista y editor Óscar Díaz nos escribió:

Me gustaría que aclararas si el verbo correr es correcto usarlo como sinónimo de postularse a un cargo público, tal como se está haciendo frecuente en esta época preelectoral. Seguramente ha sido tomado del inglés "run", que se refiere a correr (ejercicio físico) y también aspirar a un cargo público. "Will run for mayor", dice una de las acepciones del diccionario en inglés de Merriam-Webster.

La duda de Óscar es muy razonable y digna de mención porque en efecto ninguna de las 45 acepciones registradas en el Diccionario de la lengua española tiene que ver con ir en pos de un cargo público.

Pero intenando ser más exactos hemos revisado el Vademécum de Fundéu y diversos libros de estilo, entre ellos el del periódico El País, y tampoco hemos encontrado nada parecido.

Así que la respuesta es "no", no es correcto usar el verbo correr como sinónimo de postularse a un cargo público.

Nuestro amigo Alberto Gómez Font, coordinador general de Fundéu, sugiere, respecto de este caso, leer el artículo Correr para presidente, de abril de 2000 y publicado en El Nuevo Diario, de Nicaragua.

En él, entre otros párrafos, se lee: "La expresión aparece todos los días impresa en los diarios y es repetida hasta el cansancio en los otros medios de comunicación. Su uso no es patrimonio exclusivo de los periodistas. La escuchamos, con gran frecuencia, en los sectores políticos y en los demás sectores sociales.

Es preocupante que este barbarismo adquiera carta de ciudadanía en nuestro lenguaje político, donde hasta hace algunos años no era tan usual, desde luego que nuestro rico idioma español posee suficiente expresiones equivalentes que hacen innecesaria la adopción de este extranjerismo proveniente, para nosotros, del lenguaje político norteamericano".

El artículo completo está disponible a través de este vínculo http://archivo.elnuevodiario.com.ni/2000/abril/26-abril-2000/opinion/opinion1.html


De nuevo muchas gracias a Óscar por enviarnos su duda.

6 oct. 2008

Démosle la bienvenida a El Diario de Hoy

No avanzamos ni el primer párrafo en la lectura del tema del día de El Diario de Hoy, Los medios como enemigos del Estado, cuando ya se percibe un olorcito a error.

Se debe comprender, claro está, por el contexto, que el español no es la lengua nativa de quien escribe, pero quizá por eso mismo los filtros deberían estar más afinaditos en ese medio.

Justo en el primer párrafo de ese análisis se lee:

"Uno habla con los redactores de La Prensa, propiedad de la familia de la ex-presidenta Violeta Chamorro, o con ex-comandantes sandinistas, con feministas o con el candidato de la derecha a la alcaldía..."

Habrá que explicarle al redactor que el prefijo ex tiene particularidades. En este caso, la que nos ocupa es que "a diferencia de los demás prefijos, ex debe escribirse separado del nombre o adjetivo al que se refiere (y sin guión). Ex se usa para indicar que la persona ya no desempeña su antigua función: ex ministro, ex mandatario, ex discípulo, etc. También funciona como sustantivo, con el significado de ´persona que ha dejado de ser cónyuge o pareja sentimental de otra´: ex esposa", según se lee en el Vademécum de la Fundación de Español Urgente.

Pero por si este catálogo lexicográfico no suena tan conocido, basta con buscar la palabra ex en el Diccionario de la lengua española para encontrar su significado y su correcto uso:

ex.
(De ex, prep. lat).
1. adj. Que fue y ha dejado de serlo. Ex ministro, ex marido.

Cuidado, muchachito...

Un nuevo amigo


Santillana

Huele a Error le da la bienvenida al Grupo Editorial Santillana como nuevo colaborador y amigo. Desde hoy, esta institución, una de las más prestigiosas del mundo en su género, brinda apoyo de material bibliográfico para consultas, comentarios de libros, etc.



Este blog se honra por la participación de Santillana y espera que esta relación perdure.

3 oct. 2008

Ni español ni “english”


(Manuel Fernando Velasco, catedrático, comunicador, ex jefe de Corrección de La Prensa Gráfica y muy buen amigo, nos presenta, como colaboración a este proyecto, un texto sobre un tema muy importante en la contemporaneidad del idioma español en el mundo.)


“Vamos a parisear brode y drinqueamos algo para relajarnos un rato.” Por increíble que parezca, a muchos de los 30 millones de hispanohablantes en los Estados Unidos no les cuesta entender la frase anterior. Y es que son varios los que hablan una mezcla de español con inglés, más anglicismos y expresiones únicas de sus países de origen. “Parisear”, por ejemplo, proviene del inglés “party”: fiesta; “brode”, de “brother”: hermano, amigo; y “drinqueamos”, de “to drink”: beber. Así, la frase anterior podría “traducirse” de la forma siguiente: “Vamos a una fiesta, amigo, y bebemos algo para relajarnos un rato”. Estamos frente al fenómeno lingüístico conocido como “espanglish”.

Puede afirmarse que el “espanglish” es un fenómeno complejo, pues es como una mezcla entre dialecto y jerga. El dialecto es una noción genética, histórica, pues toda lengua es dialecto respecto de la cual procede. Y la jerga o argot es una noción sociolingüística, actual, que hace alusión a un lenguaje propio y familiar que usan entre sí individuos de ciertas profesiones u oficios. Entonces acá viene lo complejo: el “espanglish” es una especie de combinación entre jerga (socioculturalmente pertenece a un grupo) y dialecto (históricamente procede del español y el inglés).

Como es de suponer, el “espanglish” genera posturas encontradas. Para algunos, “debe mantenerse la pureza del idioma español y esa forma de expresión es una deformación de la lengua”, y la rechazan por completo. Otros más bien muestran una total apertura e incluso afirman que “ya no es posible verlo como una prostitución de la lengua ni en sentido tan negativo; dentro de algunos años, se escribirán obras literarias bajo esa forma”. Lo cierto es que el “espanglish” se ha vuelto una manera de comunicación eficaz para cientos de personas, e incluso varios medios de comunicación norteamericanos (sobre todo radiofónicos) lo emplean con frecuencia y cotidianamente. De acuerdo o no, el “espanglish” se está convirtiendo en más que un simple uso de dos idiomas para transformarse en una señal de identidad, una nueva forma de construcción del pensamiento y de expresión social.

El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) no acepta palabras del “espanglish”, al menos no por ahora (nunca se sabe). Así, las palabras que resultan de combinar el inglés y el español pueden tomarse como un barbarismo: extranjerismo no incorporado totalmente al idioma; distinto a lo que sucede con los anglicismos: vocablos o giros de la lengua inglesa empleados en el español (como ya aparecen en el DRAE, deben escribirse sin comillas y en letra normal, sin cursiva).


Mientras tanto, en algún lugar de los Estados Unidos... “Le voy a ringuear a mi jaina para ir a lonchear al hud”. Es decir: “Telefonearé a mi novia para ir a almorzar al barrio”. Ni español ni “english”: “espanglish”.

1 oct. 2008

Errores de El Faro

(El siguiente comentario está basado en la lectura de la página web de un periódico a las 11 de la noche del martes. La web está sujeta a cambios en cualquier momento de la semana.)

El Faro publica en su tema principal de esta semana, Canciller salvadoreña pide intervención de EUA en elecciones, el siguiente párrafo:

Orlando Arévalo, diputado del PCN en la comisión, agregó que aún cuando algunos sectores de la derecha del país “puedan llegar a compartir” los temores ante un posible triunfo del FMLN en las presidenciales el próximo año, considera que la canciller ha dañado la imagen del país con su alocución.

Este error tan adolescente nos da pie para hablar sobre la tilde diacrítica (“que sirve para dar a una letra o a una palabra algún valor distintivo”, según el Diccionario de la lengua española).

La palabra aún se tilda exclusivamente “cuando se utiliza con el significado” de todavía. Y no se tilda cuando equivale a hasta, también, incluso (o siquiera, con negación), según explica, con sencillez, la Ortografía de la lengua española.

Me atrevo a hacer notar este error porque en el ejemplo de El Faro difícilmente ese aun pueda ser sustituido por todavía. Claro, siempre puede haber lugar para escuchar alguna explicación o alguna interpretación, por muy disparatada que nos parezca. Sin embargo, parece obvio que, por el contexto de la oración, quien escribe se está refiriendo a un incluso. Y no, no, no… no debe tildarse.

El siguiente error quizá resulte más interesante para una conversación. En la misma nota, se lee:

Perle es miembro del círculo íntimo de George W. Bush junto a Cheney, el ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el ex subsecretario Paul Wolfowitz, considerados los creadores del pensamiento neorrepublicano, una combinación de política empresarial con gran influencia religiosa.

Y más adelante:

Luego de la ponencia, la canciller se reunió con la Secretaria de Estado Condolezza Rice. Por la mañana, antes de su intervención en el AEI, Argueta de Barillas se reunió con el secretario general de la OEA, Miguel Insulza y le hizo entrega de una invitación del gobierno de El Salvador para que la OEA observe las elecciones.

Aunque hay errores de comas por todos lados (se reunió con el secretario general de la OEA, Miguel Insulza y le hizo, en el que falta la coma después de Insulza para cerrar la aposición explicativa; o un caso similar en... la canciller se reunió con la Secretaria de Estado Condolezza Rice, en donde brilla por su ausencia la coma antes del nombre propio de la funcionaria ), detengámonos en el tan gris mundo del uso de mayúsculas y minúsculas.

Hay dos tipos de error en estos párrafos. El primero, mal uso de mayúsculas; y el segundo, no hay uniformidad en el criterio, pues a ratos los cargos se ven en mayúsculas y a ratos en minúsculas. Y hay muchos más casos de estos en la nota.

Dice la Ortografía de la lengua española que se usará “letra mayúscula inicial, en cuanto a empleo expresivo, en los títulos, cargos y nombres de dignidad. [Pero] estas palabras se escribirán siempre con minúscula cuando acompañen al nombre propio de la persona o del lugar al que corresponden)”. Y en la nota esta norma no se ha seguido.

¿Existe entonces alguna razón para utilizar un diferente criterio en este tratamiento: el ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el ex subsecretario Paul Wolfowitz? ¿Será que quien escribe respeta más al secretario que al subsecretario? ¿No conoce la regla antes citada? No lo sé, el caso es que el error está bastante marcado, pues no hay ni conocimiento ni uniformidad.

En el otro caso, parece ser que el único cargo que merece una mayúscula es el de la Secretaria de Estado, incluso por encima del de secretario general de la OEA, pues ambos ejemplos, casi gemelos, han sido medidos con diferente vara.

Algunos medios respetables en cuanto al correcto uso del lenguaje (no es el caso salvadoreño) han uniformado últimamente la situación: todos los cargos, todos, los escriben con minúscula, independientemente de las condiciones. En el caso de El Faro, una norma o un acuerdo interno podría dar pie a mejorar esto, pues en la nota de la que escribimos hay muchos errores en este tema. Y si no hay interés en esa norma, pues ya está, seguiremos aquí escribiendo al respecto.

29 sept. 2008

Los primeros errorcitos

Nuestros amigos de La Prensa Gráfica son los primeros sorteados en este monitoreo de errores.

Y han caído en uno bastante viejo.

En el tema del día de hoy, 29 de septiembre, titulado "$900 mill atados al consenso político", se lee:

Una primera de $200 millones, que se darían de forma inmediata a la aprobación de la operación por parte de la Asamblea, más $300 millones que quedarían para entregar al siguiente gobierno “cualquiera que sea”, y sobre los cuáles prevalecería la condición de que sean destinados a financiar sobre todo programas sociales.

La palabra cual en este caso es sencillamente un pronombre relativo y no se tilda. Ni ella ni su plural, cuales.
Ahora, debe tildarse únicamente cuando se trata de un pronombre interrogativo, por ejemplo: "¿Con cuáles zapatos te sentís mejor?" .

En el ejemplo de La Prensa Gráfica que nos ocupa, por alguna extraña razón de la naturaleza, las redactoras confundieron a ese pronombre relativo y lo consideraron pronombre interrogativo. Cuidado, muchachas...

Errorcito menor: después de la palabra gobierno urge una coma. Y urge porque lo que a continuación se escribe ("cualquiera que sea") es un elemento explicativo, es decir, uno de los casos más comunes de uso de comas.

26 sept. 2008

El error de coleccionar errores

(Esta es la primera contribución del filólogo español Alberto Gómez Font para Huele a Error.)


***

Es muy probable que aquella visita a la casa del coleccionista me marcase para siempre, y digo que es muy probable porque estoy casi seguro de que allí comenzó mi afición por las colecciones, estoy convencido de que visitar ese sitio fue el detonante, si bien ya había visto algo en mi propio hogar, pues doña Catalina Font Vallbona, mi madre, gustaba de juntar sellos —en Colombia las llamábamos estampillas—, monedas, y tarjetas postales.

No logro recordar cómo se llamaba aquel amigo de mi padre, ni siquiera su oficio; sí recuerdo en cambio, con viva precisión, la localización de su casa, en el barrio de Los Alpes, en la ciudad de Pereira, en Colombia. Tampoco recuerdo si fue una sola visita o fueron varias; pero sé que con una bastó, pues guardo en un rincón de mi memoria fotográfica algunas imágenes muy nítidas de lo que allí admiré con mis ojos de niño de ocho años.

Nunca se me olvidará aquella pistolita metálica de unos cuatro o cinco centímetros que disparaba minúsculas balitas —calculo que de un calibre de 1,5 mm— también metálicas, con su correspondiente carga de pólvora. Tampoco se borrará nunca de mi retina la enorme colección de lápices, bolígrafos y estilográficas ordenados sobre un enorme tronco al que le habían hecho cientos de agujeros cilíndricos donde estaban colocados aquellos adminículos de escritura. Entre ellos vi por vez primera un bolígrafo que escribía con cuatro tintas diferentes (azul, negra, roja y verde), y vi también otros en los que había imágenes de muchachas vestidas de baño y que al ponerlos boca abajo, como por arte de magia, las chicas quedaban desnudas.

Mi primera colección fue compartida, o más bien repetida: mi amigo Carmelo Flores y yo comenzamos al mismo tiempo, en la década de los sesenta, nuestras colecciones —idénticas— de automóviles en miniatura de la marca Mini Cars, fabricados en España. Todavía conservo algunas piezas de aquella época.

Más o menos contemporánea fue mi colección de insignias metálicas —hoy conocidas como pins— de los clubes de fútbol de Colombia, a las que se fueron añadiendo algunas que me mandaban mis parientes desde España y otras que no eran de equipos balompédicos sino de propaganda de bebidas, camisas, ciudades…

Poco tiempo más tarde, ya en España, en Barcelona, comenzaron a inundar las paredes de mi habitación las colecciones de banderines y de cajetillas de tabaco, de las que ya apenas quedan algunos rastros en mi memoria y en el fondo de alguna maleta en el desván. Allí, en Barcelona, comenzó y terminó otra colección, esta muy importante por las horas que le dediqué: la de coches de carreras de las pistas eléctricas marca Scalextric.

Una vez instalados en Madrid, ya en la década de los setenta, descubrí un gigantesco depósito de objetos susceptibles de ser coleccionados: El Rastro, el mercado semanal de cosas viejas y antiguas que ocupa un montón de calles cada domingo en el Madrid más castizo.

Allí comenzó y terminó una importante colección de encendedores metálicos de gasolina de la primera mitad del siglo XX. También allí coleccioné, para mi hermana, cajitas metálicas de medicamentos, cigarrillos, galletas… todas de lata serigrafiada del primer tercio del siglo pasado. Y allí mi hermana y yo tuvimos durante algunos años un puesto en el que vendíamos juguetes de papel impresos desde 1920 hasta 1940 —más o menos—, entre los que había colecciones de cromos, libros con dioramas y recortables de casas, muñecas con sus vestidos, soldados, aviones militares, tranvías, automóviles… De ahí salió, cómo no, otra de mis colecciones: la de recortables de papel, y casi por contagio comenzó otra: la de juguetes de lata de principios del XX.

Son también del Rastro de Madrid la mayoría de las cajitas de taracea granadina —también hay alguna de Damasco y de El Cairo— que aún colecciono, y no solo para mí, pues de ya hay otras dos colecciones de las mismas cajas de madera que nacieron de la mía: una en la casa de un amigo pintor, a las afueras de Madrid, y otra en Quilmes (en la Argentina) sobre la mesa del salón de una amiga traductora.

En ese mismo mercado madrileño comenzó la más vistosa y numerosa (y quizá también la preferida) de mis colecciones: la de cocteleras. No la empecé para mí, sino para mi amigo Javier de las Muelas, que acababa (allá por 1980) de abrir una coctelería en Barcelona: el Gimlet, en la calle del Rec. Javier sabía que yo tenía un puesto en el Rastro y me pidió que le comprase las cocteleras que encontrara por allí; así lo hice y en una primera entrega le llevé ocho, algunas muy especiales. Otro viaje más a Barcelona cargado de cocteleras y un regalo de mi tío Martín Gómez de Santamaría cambió el rumbo de aquella colección: estaba hospedado en su casa de Ibiza y vi una coctelera de plata que me fascinó (de dos piezas, fabricada en la Argentina); él no dudó en regalármela y aquella fue la primera pieza de las muchas, muchísimas, que desde entonces han ido llegando a mis manos. Javier de las Muelas tiene su colección y yo tengo la mía (quizá algún día se junten ambas)[1].

Mis viajes, cada vez más frecuentes, por distintas ciudades del mundo han contribuido mucho al crecimiento de esa colección —ya hay más de trescientas—, en la que hay cocteleras adquiridas en el Rastro de Madrid, en el pulguero de Bogotá, en el mercadillo de la calle 29 de Nueva York, en el marché aux puces de París, en el mercado de San Telmo de Buenos Aires, en los zocos de Fez, Marraquech y Damasco, en los puestos callejeros dominicales de Washington, Los Ángeles y Miami, en los anticuarios de Roma, en el bairro alto de Lisboa y en muchos otros rincones por los que he tenido la suerte de pasear.

Esa colección de cocteleras lleva adjuntas otras dos que la complementan: la de adminículos de bar relacionados con la coctelería; ahí se van juntando medidores de licor, vasos mezcladores, cucharillas, coladores, frascos goteros… Y la de libros de coctelería.
Algunos dicen que mi encantamiento con Tánger se debe a que viví en esa ciudad en alguna de mis anteriores reencarnaciones, y la verdad es que muchas veces, paseando por sus calles, he percibido sensaciones de dejá vu que me han hecho pensar en esa teoría. Sea por lo que sea, la cuestión es que Tánger me gusta mucho y he pasado allí algunos de los ratos más agradables de mi vida; de ahí que haya otras dos colecciones derivadas de esa relación: la de postales antiguas de Tánger y la de libros sobre esa ciudad. Está muy relacionada también con las dos anteriores la colección de cuadros de ambiente norteafricano que forran las paredes del salón de mi casa, del recibidor y de mi dormitorio.

Otra de mis colecciones, la de gramáticas y diccionarios del dialecto árabe marroquí, se debe a que al terminar mis estudios de Filología Árabe me dediqué algún tiempo a investigar sobre esas publicaciones escritas por funcionarios, militares, clérigos y profesores españoles durante los años en los que España tuvo su protectorado de Marruecos.

El primer manual de estilo que llegó a mis manos fue el de la Agencia Efe (Madrid, Castalia, 1980, 2.ª edición), allá por octubre de 1980, y desde entonces soy uno de los coautores de ese libro, que ya va por la 17.ª edición, con el título de Manual de Español Urgente. Mi trabajo en el equipo de lingüistas creado por Luis María Anson y bautizado como Departamento de Español Urgente me ha hecho aficionarme a ese tipo de libros y, cómo no, me llevó a coleccionarlos. Además, ya no soy solamente coautor del manual antes mencionado, sino que mi nombre aparece en varios más, bien sea como, coordinador, colaborador o miembro del equipo de redactores.

Dejo para el final la colección que, junto con la de cocteleras, lleva más años ocupando mi tiempo, aunque esta sea la única que no me ha costado dinero: desde hace veintiocho años, consciente o inconscientemente, vengo coleccionando errores lingüísticos cometidos por los periodistas. No tengo ni idea de cuántos hay; no los he contado nunca ni pienso hacerlo, pero son muchísimos, y es una colección, como aquella primera de los Mini Cars, compartida con otras personas que, como yo, se dedican a buscar y rebuscar en revistas, diarios y noticieros de radio y televisión. En ella hay errores ortográficos, tipográficos, morfológicos, sintácticos, léxicos, extranjerismos, vulgarismos, anacolutos, redundancias… Toda una miscelánea de los errores que, bien sea por descuido o por ignorancia, cometen los profesionales de los medios de comunicación, aunque también pueden deberse a que son errores incrustados en la lengua general y los periodistas se limitan a reflejarlos.

Es una colección nutrida y vistosa, pero le falta algo importante: me limité a buscar y juntar los errores para poder mostrarlos, para poder decirles a quienes los cometieron que deberían prestar más atención al usar su principal herramienta de trabajo —la lengua española—, pero nunca me detuve ni un minuto para contar los aciertos, para ver cuántas palabras y cuántas páginas de periódico, cuántas horas de noticiarios de radio y televisión hay que repasar para encontrar una pieza más que pueda sumarse a mi colección de fallos.

Adolece esa colección, además, de un mal incurable que es propio de ella y de ninguna más: hay piezas que poco a poco van perdiendo el lugar que ocuparon hasta que llegan a ser expulsadas para siempre; nunca más podrán formar parte de la lista de errores pacientemente recopilados por el coleccionista. En la mía eso ya ha ocurrido muchas, demasiadas veces, tantas que he llegado a temer que ese mal se expanda y actúe cada vez más rápidamente.

El primero en caer enfermo y desparecer al poco tiempo de mi colección fue el verbo incidir. Entró en ella en 1980 y en la ficha decía que se estaba usando erróneamente con un significado que no tenía: el de repercutir, pues en ese momento, la definición oficial de incidir era ‘caer o incurrir en una falta, error, extremo, etc.’ y, en cirugía, ‘hacer una incisión o cortadura’. Cuatro años más tarde, en 1984, con la publicación del Diccionario Manual de la Lengua Española (de la Real Academia Española), detecté que había caído enfermo y pronto abandonaría la colección, pues en ese nuevo libro ya aparecía con el significado de ‘repercutir, causar efecto una cosa en otra’. Pero aún podía salvarse, porque aquel no era un diccionario normativo, mas cinco años después le llegó la sentencia de muerte: en la vigésima edición del Diccionario de la Lengua Española, (Real Academia Española, 1989), este sí de carácter normativo, se corroboraban los malos presagios y aquel verbo debía salir por la puerta trasera de mi colección de errores; ya no podía considerarse equivocado su uso con el significado que nueve años antes censurábamos los correctores de estilo.

Otro verbo que corrió la misma suerte, aunque su enfermedad fue mucho más larga y penosa, fue nominar: años y años (lo capturé en 1980) ocupó un lugar destacado en la lista de errores, pues, por influencia del inglés, por culpa de lo que los traductores conocen como falsos amigos, se estaba usando en español con un significado que en aquel entonces no tenía en nuestra lengua, pero sí en el inglés nominate, el de ‘seleccionar a alguien o algo para optar a un premio’. Así, cuando llegaban a mi despacho las noticias sobre los premios Óscar de cinematografía y en ellas se repetía una y otra vez aquello de «las películas nominadas» y «los actores nominados», me guardaba esos errores para mi colección y le indicaba al redactor de la información que debía decir «las películas seleccionadas» y «los actores candidatos».

El primer aviso de que nominar saldría algún día de mi colección lo recibí en 1984, cuando apareció el mentado Diccionario Manual de la Lengua Española, en el que, además de su significado tradicional en español (‘dotar de un nombre a una persona o cosa’), aparecía este otro: ‘Elegir o señalar a uno para un posible cargo, dignidad, premio, etc.’, es decir, el sentido de ese verbo en inglés. Pero volvió la calma y pasó el susto durante algunos años más, pues en las dos siguientes ediciones del Diccionario de la Lengua Española, (Real Academia Española, 1989 y 1992) seguía apareciendo con el significado de siempre. Esa tranquilidad casi me aseguraba que nominar seguiría en mi colección de errores, pero hoy ya no está, ya tuve que echarlo, discretamente, por la puerta trasera, pues en la 22.ª edición del Diccionario (del 2001) ese verbo aparece con tres acepciones: ‘dar nombre a alguien o algo’, ‘designar a alguien para un cargo o cometido’ y ‘presentar o proponer a alguien para un premio’.

Además, muy pocos hispanohablantes conocen o utilizan la primera de esas definiciones. Yo no conozco a nadie que nomine al gatito o al perrito que acaba de adoptar como mascota…

Hubo otros dos errores que por su propia identidad ocuparon durante años los lugares undécimo y duodécimo de la colección: las palabras decimoprimero y decimosegundo, que se consideraban como ajenas a la norma culta, a pesar de que tenían hermanas muy parecidas, como decimotercero, decimocuarto, decimoquinto… Ahora tampoco están, ya no ocupan esos lugares ni ningún otro, pues desde la aparición, en el 2005, del Diccionario panhispánico de dudas (de la Asociación de Academias de la Lengua Española), pasaron a ser correctas, es decir, desaparecieron como errores.

Y aunque ya tuve que retirar de mi colección al adjetivo desparecibido, me resisto a usarlo con el significado que antes era erróneo y ya no lo es más: el de inadvertido. La única vez que oí ese adjetivo bien usado fue en Tijuana, en la casa de mi amigo-hermano Jorge de Buen Unna, una noche en la que tomábamos tequila reposado y conversábamos en el salón y mi anfitrión vio que mi vasito estaba vacío y exclamó: «¡Alberto, te tengo desapercibido!», mientras me observaba con cara pícara esperando mi reacción ante su guiño lingüístico.

Conservo varias de las diecinueve colecciones anteriores y me gustaría mucho haber sabido conservarlas todas… Bueno, todas menos una: la última. No está a la venta, no pienso subastarla en internet, está a la disposición de quien piense que puede servirle para algo; pero quien avisa no es traidor: no sirve para nada si no se cuentan también los aciertos y para eso hace falta invertir mucho tiempo, tiempo que prefiero gastar paseando por los mercados de trastos viejos en busca de cocteleras, libros y cajitas de madera. Además, hay que estar siempre muy pendiente, demasiado pendiente de ella, pues nunca sanará de su enfermedad, de ese mal que hace que decrezca por un lado mientras crece por el otro.

Alberto Gómez Font
Madrid, primavera del 2008
[1] Tras escribir esas palabras entre paréntesis tomé el teléfono y llamé a Javier de las Muelas para contárselas; me contestó desde el Chinatown de Nueva York y me contó que por la mañana había estado en el fly market (el Rastro) de la calle 29 y había comprado varias cocteleras.

De última hora

HOY, A LAS 3:30 P.M. HUELE A ERROR SE ESTRENA CON EL PRIMER ARTÍCULO DEL FILÓLOGO ALBERTO GÓMEZ FONT, COORDINADOR GENERAL DE LA FUNDACIÓN DE ESPAÑOL URGENTE.

La presentación

Coincidimos, creo, en que hay un problema respecto del uso del español en los medios de comunicación de El Salvador. Y es grave. Pero hay un problema mayor: quienes dirigen los medios no están interesados en resolver los yerros diarios, y, peor, no se interesan por dejar de cometerlos a futuro, cayendo en la repetición de agravios contra el idioma que se vuelven hábito nefasto.

Desde hoy, este blog intentará monitorear errores de lenguaje en los medios de comunicación, así como ser una herramienta para aquellos que quieran hacer consultas a un equipo que de a poco se nutre de colaboradores de la talla internacional de Alberto Gómez Font, coordinador general de la Fundación de Español Urgente, de la Agencia Efe.