11 jul. 2012


No, no “habemos”

 Haber es un verbo impersonal, principalmente. Aunque en forma de arcaísmo aún resguarda algunos usos personales, esto se da más en los temas literario y jurídico.
 
Se usa principalmente para denotar existencia de lo que indica el sustantivo que lo acompaña. Este sustantivo va normalmente pospuesto al verbo: “Hay un policía a la salida”.


 Como se podrá ver, la conjugación es “hay”, pues esa construcción carece de sujeto. La palabra “policía”  no es el sujeto de la oración. El ejemplo puede ser también “hay policías en la salida”; “hubo muchos líos”; “había diez niños en el salón”. En ninguno de los casos, esas palabras que acompañan al verbo son el sujeto de la oración. No tenemos por qué cambiar o intentar pluralizar el verbo a la fuerza para que calce con los grupos sustantivos.

Son errores entonces “habían diez niños…”; “hubieron muchos líos”; u otros más comunes, como el “habemos algunos que creemos…”; “habemos varios en esta casa”, etc.

Estos grupos, marcados en negrita, son en realidad complemento (directo) de la oración. Y prueba de  ello es que pueden ser sustituidos por los pronombres de acusativo lo(s), la(s): 

“Hay policías en la salida”: los hay.

Con esto no quiero decir que las formas pluralizantes que muchos utilizamos, y que son comprendidas por la gente en general pese al error, no existan. Pero en el lenguaje formal debe respetarse la norma.

8 jul. 2012

Con base en y en base a

Debido a una duda de una lectora, reproduzco un artículo explicativo y sintético relacionado con este tema del título. El texto es del "Diccionario panhispánico de dudas"...

Con base en. Precede a la expresión del lugar en el que se concentran instalaciones o equipos, generalmente militares, y que sirve de punto de partida para las distintas operaciones: «La aviación “nacional”, con base en el aeródromo de Tablada, se adueñó del aire» (Gironella Millón [Esp. 1961]). En el primer tercio del siglo xx comenzó a usarse, en el lenguaje jurídico, con el sentido de ‘con apoyo o fundamento en’: «De parte de los detractores del Almirante, se sostiene, con base en testimonios que figuran en el juicio de sucesión, que el descontento sólo se manifestó en la “Santa María”» (Vela Mito [Guat. 1935]); «Este tratado sólo podría ser realizado con base en el Derecho internacional» (Puente Derecho [Esp. 1962]). De ahí ha pasado a otros ámbitos y está hoy bastante extendido, más en América que en España: «Aquí vemos aparecer, con base en los estudios del astrónomo copernicano Felipe Lansbergio, los desarrollos ulteriores de la teoría heliocentrista» (Trabulse Orígenes [Méx. 1994]); «Con base en una previsión de la evolución económica internacional, fija sus criterios normativos» (Vuskovic Crisis [Chile 1990]). No hay razones lingüísticas para censurar su empleo en estos casos, pues la noción de ‘apoyo o fundamento’ está presente en la palabra base, y las preposiciones con y en están bien utilizadas; no obstante, en el uso culto se prefieren otras fórmulas más tradicionales, como sobre la base de, en función de, basándose en, a partir de, de acuerdo con, según, etc. 


Sí es censurable la locución de sentido equivalente en base a, en la que las preposiciones en y a no están justificadas: «La petición se hizo en base a investigaciones policiales españolas» (País [Esp.] 1.10.87). Podría tratarse de un calco del italiano in base a, única lengua de nuestro entorno en la que se documenta —desde finales del siglo xix— esta locución, ya que en inglés se dice on the basis of y en francés sur la base de.>>

La letra o entre números ya no se tilda


A mediados de la década pasada, el "Diccionario panhispánico de dudas" (DPD) apareció con una sugerencia más ambigua que los meteorólogos salvadoreños. Aún hoy, en su versión digital, sigue señalando como sugerencia tildar "la o en estos casos (cuando esa letra aparece entre números) para evitar toda posible confusión".


Es ambigua porque antes también señala que la "escritura mecanográfica" [... y eso ya suena a viejito]  "hace cada vez menos necesaria esta norma, pues la letra o y el cero son tipográficamente muy diferentes". Es decir, pese a indicar que esa tilde ya no es necesaria, el jodido DPD nos sugiere seguirla usando. Ayúdanos, Señor.

Sin embargo, hacia 2010, la Real Academia y la Asociación de Academias de la Lengua Española tuvieron más pantalones, corrigieron lo hecho y decidieron señalar claramente, en la nueva Ortografía de la lengua española, que ya no se debía tildar la o entre números. 

"Gracias al empleo de computadoras u ordenadores, (y) ni en la (escritura) manual, ya que tanto los espacios en blanco que flanquean la conjunción o como su diferente forma y menor altura que el cero hacen prácticamente imposible su confusión real en la práctica. Por lo tanto, a partir de este momento la conjunción o se escribirá siempre sin tilde, como corresponde a su condición de palabra monosílaba átona, y con independencia de que aparezca entre palabras, cifras o signos", señala la Ortografía.

Así que, por favor, ya no lo hagamos, ya no lo enseñemos y ya no lo obviemos.

¿Imprimido o impreso?


El verbo imprimir tiene dos participios, y no uno como algunos puristas arcaizados creen.

Estas dos oraciones, por tanto, son completamente válidas: "Ya fue impresa la presentación" y "La foto fue imprimida satisfactoriamente".

Pero cuál es la salvedad o sugerencia única en estos casos: que como adjetivo se sugiere usar solo impreso: «El texto impreso lo llevo en la carpeta".

Gotas ortográficas del Twitter


Quiero compartir con ustedes algunos tuits recientes sobre ortografía.

Y para quien quiera seguirme:  @erick_rivera80

Aquí están:



-       La última y más importante de hoy: SERES MITOLÓGICOS O FABULOSOS, designados individualmente, van en MAYÚSCULA. Debe ser entonces: Cipitío

-       Gentilicios y nombres de pueblos o etnias van en MINÚSCULA: los aztecas, la cultura maya, los ciudadanos españoles, etc.

-       Títulos nobiliarios, dignidades, cargos públicos o empleos de cualquier rango van en minúscula inicial por ser NOMBRES COMUNES 

-       “usted”, “excelencia”, “majestad”, “monseñor”, “licenciado”, “doctor”... FORMAS DE TRATAMIENTO van en minúscula. 



Volvamos, por favor

Ha sido una ausencia larga, de esas en las que uno reflexiona o en las que uno se emborracha por desamores. Quiero hacer revivir este blog, que tanto gusto me dio trabajar, que tantos problemas me trajo por la poca permeabilidad a la crítica de algunos periodistas y por mis impertinencias, pero con el que me divertí tanto.

Trataré desde hoy de volver a trabajarlo, por lo menos una o dos veces por semana. Hoy hay más responsabilidades que hace un par de años. Lo haré en un tono más mesurado, pero siempre con el objetivo de colaborar en la corrección ortográfica, en compartir actualizaciones idiomáticas y en pensar y repensar lo que se escribe desde la forma, tan descuidada en tiempos recientes.

22 abr. 2010

Error en la portada de El Diario de Hoy

Perdón por la ausencia.

En la portada de hoy, 22 de abril, de El Diario de Hoy, se lee:

Asesinan otro periodista en Honduras

Es un error grave tomando en cuenta que aparece en la primera página del periódico. Hay que tener cuidado.

Debió escribirse así:

Asesinan a otro periodista en Honduras

¿Que cuál es el error? Pues bien, hay muchos que han escrito al respecto, pero prefiero utilizar la herramienta más común, el Diccionario de la lengua española.

a.

1. prep. Precede a determinados complementos verbales, como el complemento indirecto y el complemento directo cuando este es de persona determinada o está de algún modo personificado. Legó su fortuna a los pobres. Respeta a los ancianos. El gato persigue a un ratón.

Como se trata de una persona, debió escribirse la preposición a. Cuando el caso sea diferente (Compremos un gato, por ejemplo), no se necesitará dicha preposición.

Un saludo cordialísimo.

8 mar. 2010

Hacia una visión más real de la labor de las gramáticas

Por Erick Rivera


Sin embargo, pese a lo valiosas que son,
las gramáticas tradicionales tienen el fallo de dejar inexpresadas
muchas de las regularidades básicas de la lengua a la que se refieren
.


Noam Chomsky, Aspectos de la teoría de la sintaxis.

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Las combinaciones gramaticales de una lengua son inconscientes en el ser humano. Nadie le explica a un niño, que aprende de a poco su idioma, cómo construir una oración; nadie le dice cuál es la posición más idónea del sujeto; nadie, tampoco, le explica al detalle las conjugaciones verbales. Nadie. El aprendizaje de un idioma nativo y sus correspondientes estructuras viene dado por circunstancias y paradigmas que aún se encuentran en el medio del mundo de las dudas. “No sabemos por qué hablamos como hablamos, y en la vida cotidiana no nos ponemos a dar instrucciones a nuestras palabras, sino que simplemente laten con nosotros, respiran y huelen” (Grijelmo, 2006, p.17).

Por ello, es irreal plantearse la meta de explicar por qué se habla así, y es una ilusión pensar, tomando en cuenta la riqueza del español y la visión panhispánica contemporánea, que un documento o un tratado sobre gramática pueda llevarnos a conclusiones de cómo se debe hablar. Todo esto más allá de opiniones sobre qué es normativo u oficial.

Pero si ese mundo está tan velado a los ojos de los lingüistas y académicos de diversa escuela, ¿cuál es la razón real de estudiar gramática?, ¿de qué sirve semejante faena si, en la práctica, aún subyacen ante ese conocimiento una inmensa cantidad de razones para no llegar a él?, ¿de qué sirve la comprensión de aquellos hilos que mueven el idioma?

Para analizar lo anterior, hay que empezar por lo primero, por una pregunta indudablemente común, pero de innegable importancia: ¿qué es la gramática?

La gramática es la disciplina que estudia sistemáticamente las clases de palabras, las combinaciones posibles entre ellas y las relaciones entre esas expresiones y los significados que puedan atribuírseles.

Ignacio Bosque y Violeta Demonte, Gramática descriptiva de la lengua española.

Si bien el idioma es un gigante que crece −con todas esas combinaciones, expresiones y relaciones que lo vitaminan−, al que no podemos llegar a abarcar, al que irrefutablemente no dominamos (si no, obsérvense las variables de todas las regiones de habla hispana, muchas de ellas mal vistas durante siglos de predominio de la norma eurocentrista) y al que apenas reconocemos, es también aquel que puede ser analizable, y en ello entra la relevancia del papel de la gramática y su estudio.

Pero no hay que confundirnos. Llegar al panhispanismo, esa visión más flexible y de apertura a las distintas formas de expresión del mundo de habla hispana, es un proceso que aún está en ciernes. La crítica de Noam Chomsky sobre ese “fallo” de las gramáticas tradicionales revela una noción generalizada sobre el sesgo real y tradicional hacia diversos tipos de expresión que viven en la periferia de un idioma.

Durante décadas, las principales vertientes del conocimiento lingüístico han puesto sus ojos en el “para qué” de la gramática. Según el célebre Ferdinand de Saussure, en su obra de mayor repercusión, Curso de lingüística general, las gramáticas se proponen únicamente “dar reglas para distinguir las formas correctas de las formas incorrectas”. Esta visión, de 1916, ha cambiado con el paso del tiempo, y ha motivado discusiones, debates y conclusiones de las más variadas especies. El positivismo, obviamente, influyó en el pensamiento de grandes intelectuales de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.



Visión contra visión

Dos corrientes dan pie a ese incesante debate que nace oficialmente con la voz de Saussure: 1. Aquella que presupone ser normativa, oficial, y que busca ser referente, pero con el valor agregado de representar a una institución. En el caso de la lengua española, este valor es exclusivo de la Gramática de la Academia (Carreter en Bosque, p. XIII); 2. Aquella que explica, que describe, que analiza las combinaciones idiomáticas y que no pretende normar, sino exponer y estudiar las estructuras, sean estas consagradas, referidas a la norma culta o no.

Pero resulta en extremo curioso –y revelador−, que para Carreter, director de la Real Academia hasta el crepúsculo del siglo XX, la gramática hispánica más importante de ese siglo sea la Gramática descriptiva, de Ignacio Bosque y Violeta Demonte, que responde, como bien indica su nombre, a la segunda de las corrientes arriba expuestas.

Es que “las gramáticas no dicen cómo se debe hablar, sino cómo se habla. La medicina no establece cómo debe funcionar el cuerpo humano, sino cómo funciona” (Grijelmo, 2006, p. 20). Y ese “cómo se habla” es un universo que, en el idioma español, abarca países, sociedades, continentes… todos de la más variada cultura y visión de mundo.

A mi juicio, la norma debe ser una línea que nos diga cómo llegar a una meta, pero no hay que pensar que esa es la única vía posible. Afortunadamente, la Nueva gramática de la lengua española pretende constituir el más grande esfuerzo por unificar un criterio que no aplaste de antemano las posibilidades de expresión de la América hispánica, que no juzgue sin analizar, que hable de español estándar, pero que no rehúya a intelectualizar locuciones adverbiales o conjuntivas modernas, tipos de expresión o palabras de cualquier otra categoría, y que sean propias de una región distinta a la española. Afortunadamente, Bosque ha coordinado tan laboriosa empresa teniendo como objetivo mostrar al mundo un español más abierto y más real. Un español que conlleve un estudio de las particularidades regionales, y en el que sea más factible aprender una gramática que refleje la realidad de la lengua que hablamos.
San Salvador, enero de 2010.
Antes de la presentación oficial, en El Salvador, de la Nueva gramática de la lengua española.

10 feb. 2010

«electrolinera», una nueva palabra en español

La Fundación del Español Urgente considera correcto el uso de la palabra electrolinera, de nueva creación, para definir las estaciones de servicio que dispensan energía para recargar las baterías de los automóviles eléctricos.En las noticias sobre la reunión europea de ministros de Industria y Competitividad celebrada en la ciudad española de San Sebastián se hacía mención especial a un comunicado de la Unión Europea en el que se insta a los Gobiernos para que pongan los cimientos que estimulen la demanda de los vehículos eléctricos. Y con la llegada de los automóviles eléctricos llegan también las estaciones de servicio con dispensadores de energía para recargar las baterías de los nuevos vehículos, y ya son muchos los medios de comunicación en los que aparece esta nueva palabra en español -electrolinera- formada a partir de otros dos términos: eléctrica y gasolinera.La Fundéu BBVA explica que se trata de un neologismo que de momento se circunscribe al español de España y no se usa en los demás países hispanohablantes, donde en lugar de gasolinera usan los nombres estación de servicio, estación de gasolina, bomba de gasolina, surtidor de gasolina, estación de nafta, etcétera.

24 ene. 2010


¡POR DIOS! ¡QUÉ CARA ES LA NUEVA GRAMÁTICA! ME COSTARÁ CASI UN SALARIO MÍNIMO SALVADOREÑO. ¡QUÉ DESCARO! SUFRO.