3 oct. 2008

Ni español ni “english”


(Manuel Fernando Velasco, catedrático, comunicador, ex jefe de Corrección de La Prensa Gráfica y muy buen amigo, nos presenta, como colaboración a este proyecto, un texto sobre un tema muy importante en la contemporaneidad del idioma español en el mundo.)


“Vamos a parisear brode y drinqueamos algo para relajarnos un rato.” Por increíble que parezca, a muchos de los 30 millones de hispanohablantes en los Estados Unidos no les cuesta entender la frase anterior. Y es que son varios los que hablan una mezcla de español con inglés, más anglicismos y expresiones únicas de sus países de origen. “Parisear”, por ejemplo, proviene del inglés “party”: fiesta; “brode”, de “brother”: hermano, amigo; y “drinqueamos”, de “to drink”: beber. Así, la frase anterior podría “traducirse” de la forma siguiente: “Vamos a una fiesta, amigo, y bebemos algo para relajarnos un rato”. Estamos frente al fenómeno lingüístico conocido como “espanglish”.

Puede afirmarse que el “espanglish” es un fenómeno complejo, pues es como una mezcla entre dialecto y jerga. El dialecto es una noción genética, histórica, pues toda lengua es dialecto respecto de la cual procede. Y la jerga o argot es una noción sociolingüística, actual, que hace alusión a un lenguaje propio y familiar que usan entre sí individuos de ciertas profesiones u oficios. Entonces acá viene lo complejo: el “espanglish” es una especie de combinación entre jerga (socioculturalmente pertenece a un grupo) y dialecto (históricamente procede del español y el inglés).

Como es de suponer, el “espanglish” genera posturas encontradas. Para algunos, “debe mantenerse la pureza del idioma español y esa forma de expresión es una deformación de la lengua”, y la rechazan por completo. Otros más bien muestran una total apertura e incluso afirman que “ya no es posible verlo como una prostitución de la lengua ni en sentido tan negativo; dentro de algunos años, se escribirán obras literarias bajo esa forma”. Lo cierto es que el “espanglish” se ha vuelto una manera de comunicación eficaz para cientos de personas, e incluso varios medios de comunicación norteamericanos (sobre todo radiofónicos) lo emplean con frecuencia y cotidianamente. De acuerdo o no, el “espanglish” se está convirtiendo en más que un simple uso de dos idiomas para transformarse en una señal de identidad, una nueva forma de construcción del pensamiento y de expresión social.

El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) no acepta palabras del “espanglish”, al menos no por ahora (nunca se sabe). Así, las palabras que resultan de combinar el inglés y el español pueden tomarse como un barbarismo: extranjerismo no incorporado totalmente al idioma; distinto a lo que sucede con los anglicismos: vocablos o giros de la lengua inglesa empleados en el español (como ya aparecen en el DRAE, deben escribirse sin comillas y en letra normal, sin cursiva).


Mientras tanto, en algún lugar de los Estados Unidos... “Le voy a ringuear a mi jaina para ir a lonchear al hud”. Es decir: “Telefonearé a mi novia para ir a almorzar al barrio”. Ni español ni “english”: “espanglish”.

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